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Cómo disfrutar de un escape room llevando a tu bebé

Escape Room sevilla con bebe

Cuando tienes un bebé a menudo tiendes a pensar que tus aficiones o hobbies tendrán que esperar por un tiempo hasta que puedas permitirte más autonomía. Pero nada más lejos de la realidad…

En mi caso, como fan de los escape room, me atreví, reservé, y tuve una de las experiencias más divertidas de los últimos tiempos en un escape room en Sevilla.

Se trataba de Sam Cooper Escape Room. Una sala de escape con muy buena valoración, en el centro de Sevilla. Lo primero que hicimos fue llamar por teléfono para asegurarnos de que la actividad era compatible. Nos atendieron amablemente y nos dieron las pautas principales. Preguntamos si tenían espacio para guardar el carrito y nos confirmaron que no había problema.

Cuando llegamos, efectivamente pudimos aparcar el carrito y las bolsas en un lugar seguro, y nos quedamos con nuestro peque en el portabebés.

Durante la presentación del juego, bajaron la música para no molestar a nuestro niño, que estaba dormido, y nos facilitaron una silla para el interior de la sala de escape, por si en algún momento nos teníamos que sentar.

 

como ir a un escape room con bebe

 

Cuando entramos en la sala, nos maravillamos. Habíamos elegido la misión Murder Chef, que se trata de resolver un caso de intriga en un restaurante italiano. La decoración es excelente y los enigmas fueron súper originales. Nos costó un poco avanzar con algunas pruebas, pero nos echaron una mano cuando pedimos pistas, y pudimos resolver el juego sin que llegaran a pasar los 60 minutos.

Casi todo el tiempo tuvimos a nuestro peque en el portabebés y es perfectamente compatible porque las estancias son muy amplias. Hubo un momento en el que tuvimos que salir al baño, y nos abrieron sin ningún impedimento mientras nuestros compañeros de viaje seguían en la sala resolviendo pruebas.

En general la experiencia es de 10 y recomiendo a todas las madres y padres que no se corten a la hora de hacer actividades con sus bebés. Muchas veces el límite está más en nuestras cabezas que en la realidad.